¿Qué son los mandalas?

El mandala es un círculo “mágico” con efectos relajantes que actúa sobre nosotros armonizando nuestro mundo interior con el exterior

Estos efectos se consiguen a través de la meditación mandálica o bien a través del dibujo de mandalas personales, donde además se da rienda suelta a la creatividad.

Los mandalas están inspirados en la naturaleza, reproducen sus simetrías y sus colores en una estructura con forma de círculo, el patrón mandala por excelencia.

Es la forma geométrica más perfecta, usada durante milenios para ilustrar la totalidad y la verdad.

Se puede decir, que hay tantos mandalas como individuos en el mundo y, sin embargo, en esencia, todos son iguales.

LA HISTORIA DEL CÍRCULO

Mandala significa “círculo” en sánscrito, una lengua clásica utilizada en algunas zonas de la India hace más de 2.300 años. También puede traducirse como “rueda” o “totalidad”.

Representa la integridad y el todo, y espiritualmente está considerado como un centro de energía, equilibrio y purificación que ayuda a transformar el cuerpo y la mente.

Los mandalas son utilizados desde tiempos remotos en la India y desde allí se propagaron a otras culturas orientales y a los aborígenes de Australia.

En la prehistoria, el círculo ya tenía carácter sagrado y se ha repetido con frecuencia en las primeras construcciones del hombre.

Aunque hay muchos ejemplos, el círculo megalítico de Stonehenge en Inglaterra es quizás la manifestación más conocida.

Desde entonces se ha venido repitiendo en otras muchas manifestaciones artísticas, culturales y arquitectónicas como por ejemplo el calendario de piedra inca, el azteca o el popular símbolo chino del ying y el yang.

Al mismo tiempo, el círculo también es la forma predominante del reino animal, y desde los átomos a los planetas se viene repitiendo incansablemente desde el principio de los tiempos hasta la inmensidad del universo.

Desembarco en occidente 

El primero en usar la palabra “mandala” en occidente fue el psicoanalista suizo Carl Jung (1875-1961). Jung afirmaba que los mandalas representan el mundo y la totalidad de la mente, incluyendo su parte consciente y subconsciente.

Su primer mandala lo pintó en 1916 y llegó a dibujar uno diariamente, para reflejar el significado de sus sueños y “la situación interna del momento”.

DIBUJO Y MEDITACIÓN

Interactuar con los mandalas ayuda a alcanzar el equilibrio espiritual, estimula la creatividad, despierta los sentidos y armoniza nuestro mundo interior con el exterior. Hay dos formas básicas para trabajar con ellos: la meditación y el dibujo.

Meditación: En el primer caso basta con encontrar un sitio adecuado, cómodo y bien ventilado, lograr una respiración rítmica y profunda y elegir un mandala con el que identificarse.

Creación: Dibujar un mandala es más complicado y puede convertirse en todo un arte. Sin embargo, es una forma muy creativa de explorar y descubrir tu mundo interior, donde el círculo se convierte en un contenedor de ideas y emociones.

Antes de empezar a trabajar, conviene sentarse y meditar para empezar a producir las imágenes que más tarde se plasmaran en su interior.

El primer paso es organizar los pensamientos alrededor de un punto central que representará un tema o concepto importante en tu vida.

A partir de aquí hay que expresar la creatividad de tu interior usando los símbolos, figuras geométricas y colores que mejor puedan expresarte. El mandala personal captura y libera al mismo tiempo un momento o una época de la vida.

¿QUÉ SIGNIFICAN LOS COLORES?

El uso de los colores está relacionado con el estado de ánimo de quien dibuja. Estas son algunas claves para la interpretación de los mandalas.

– Blanco: nada, pureza, iluminación, perfección.

– Negro: muerte, limitación personal, misterio, renacimiento, ignorancia.

– Rojo: masculino, sensualidad, amor, arraigamiento, pasión.

– Azul: tranquilidad, paz, felicidad, satisfacción, alegría.

– Amarillo: sol, luz, jovialidad, simpatía, receptividad.

– Verde: naturaleza, equilibrio, crecimiento, esperanza.

BENEFICIOS DE DIBUJAR O PINTAR MANDALAS

1- Comienzo de un trabajo de meditación activa.
2- Contacto con tu esencia.
3- Te expresarás mejor con el mundo exterior.
4- Ayuda a expandir tu conciencia.
5- Desarrollo de la paciencia.
6- Despertar de los sentidos.
7- Empiezas a escuchar la voz de tu intuición.
8- Te aceptarás y te querrás más.
9- Te curarás física y psíquicamente.

Beatriz Peña

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