Su Majestad: La Nariz

Nuestro sentido del olfato es 10.000 veces más sensible que cualquier otro de nuestros sentidos y que el reconocimiento del olor es inmediato

Otros sentidos similares, como el tacto y el gusto deben viajar por el cuerpo a través de las neuronas y la espina dorsal antes de llegar al cerebro, mientras que la respuesta olfatoria es inmediata y se extiende directamente al cerebro.

“Este es el único lugar donde nuestro sistema nervioso central está directamente expuesto al ambiente.” (Von Have, Serene Aromatherapy).

Desde el punto de vista químico, el olor es una sensación, una noción de estímulo y percepción producida en el olfato por la interacción de una sustancia orgánica con los receptores olfativos de los seres vivientes.

Dicha interacción depende en gran medida de la volatilidad de la sustancia, ya que es necesario que las moléculas de la sustancia olorosa pasen a una fase gaseosa para que puedan llegar a la nariz y así ser percibidos; de igual forma.

Se requiere que puedan atravesar las membranas de las células epiteliales de la nariz y llegar a los receptores que enviarán la señal al cerebro, indicando la sensación del olor.

El olfato u olfacción es el sentido encargado de detectar y procesar los olores. Al igual que el sentido del gusto, es un sentido químico.

Se denominan sentidos químicos porque detectan compuestos químicos en el ambiente, con la diferencia de que el sentido del olfato funciona a distancias mucho más largas que el sentido del gusto.

El sentido del olfato es una de las ventanas más sofisticadas a través de la cual un individuo capta información del ambiente externo y por la cual los seres vivos de cualquier especie son capaces de modificar su comportamiento y establecer su gusto por determinados ambientes y alimentos.

Paradójicamente, el sentido del olfato de todos los mamíferos conserva ciertas similitudes en la cavidad nasal, tales como su localización y asociación con las vías respiratorias superiores, puesto que los compuestos olorosos se hallan dispersos en el aire, y es así como logran llegar a la nariz para alcanzar las células olfatorias y estimularlas.

Algunos científicos consideran que el olor es una percepción que no puede ser medida, en la que el sistema límbico (emocional) es el que afecta la apreciación para clasificar el agrado o desagrado por los aromas, además de que es inf luido por algunos aspectos de orden fisiológico.

(Por ej. cuando se está cocinando o con hambre, el olor tiene una percepción grata; sin embargo, puede variar e incluso volverse desagradable cuando ya se ha comido).

Las células olfatorias son células nerviosas receptoras de estímulos químicos provocados por los vapores.

En la pituitaria amarilla se encuentran las glándulas mucosas de Bowman, que libera un líquido que mantiene húmedo y limpio el epitelio olfatorio.

Para estimular estas es necesario que las sustancias sean volátiles, es decir, han de desprender vapores que puedan penetrar en las fosas nasales, y que sean solubles en agua para que se disuelvan en el moco y lleguen a las células olfatorias.

Éstas transmiten un impulso nervioso al bulbo olfatorio y de este a los centros olfatorios de la corteza cerebral, que es donde se aprecia e interpreta la sensación de olor.

Se cree que existen 7 tipos de células olfatorias, cada una de las cuales sólo es capaz de detectar un tipo de moléculas, éstas son:

• Alacanforado: olor a naftalina

• Almizclado: olor a almizcle

• Floral

• Mentolado

• Etéreo: olor a fluidos de limpieza en seco

Picante

• Pútrido: olor a podrido

Nadie conoce exactamente cómo es que muchas sustancias pueden estimular al sistema olfativo, pero sí es claro que el número de éstas es grande.

Un simple compuesto puede provocar una sensación diferente de una persona a otra, y tampoco es raro que un individuo experimente cualidades distintivas para un olor cuando el mismo compuesto se le presenta en diferentes concentraciones.

A través de nuestras vidas, el sistema olfativo envía una corriente de información casi constante al cerebro.

El cerebro procesa esta información y la organiza en forma coherente de interpreta.

La percepción del olfato involucra tres aspectos importantes: la intensidad, la descripción cualitativa y la apreciación del aroma.

En la actualidad se conocen miles de olores; sin embargo, la apreciación de un aroma es subjetiva, ya que se ve influenciada por aspectos culturales o emocionales particulares, es decir, de cada sujeto; de hecho, para algunas personas el mismo perfume puede ser agradable, desagradable o indiferente.

No obstante, los estudios fisiológicos enfocados a esta área, basados en pruebas psicológicas, sostienen que muchas sensaciones olfatorias dependen de unas cuantas emociones primarias.

Por ello –independientemente de la forma particular en la que cada individuo percibe los olores–, se ha propuesto una sencilla clasificación que postula siete aromas primarios: etéreo, alcanforado, almizcle, floral, mentolado, picante y pútrido.

El proceso del olfato sigue más o menos estos pasos: Las moléculas del olor en forma de vapor (compuestos químicos) que están flotando en el aire llegan a las fosas nasales y se disuelven en las mucosidades (que se ubican en la parte superior de cada fosa nasal).

Debajo de las mucosidades, en el epitelio olfatorio, las células receptoras especializadas, también llamadas neuronas receptoras del olfato, detectan los olores. Estas neuronas son capaces de detectar miles de olores diferentes.

Las neuronas receptoras del olfato transmiten la información a los bulbos olfatorios, que se encuentran en la parte de atrás de la nariz.

Los bulbos olfatorios tienen receptores sensoriales que en realidad son parte del cerebro que envían mensajes directamente a:

los centros más primitivos del cerebro donde se estimulan las emociones y memorias (estructuras del sistema límbico) y centros “avanzados” donde se modifican los pensamientos concientes (neocorteza).

Estos centros cerebrales perciben olores y tienen acceso a recuerdos que nos traen a la memoria personas, lugares o situaciones relacionadas con estas sensaciones olfativas.

El sistema límbico tiene una función central que es la mediación entre el reconocimiento de un evento por una persona, su percepción como una situación que provoca ansiedad y la reacción fisiológica que resulta de la misma, todo mediado a través del sistema endocrino:

Los estímulos son procesados conceptualmente en la corteza y pasan al sistema límbico donde son evaluados y se elabora una respuesta motivada.

Relacionado el olfato y las emociones

La estrecha relación entre el olfato y las emociones estaría dada por la interconexión de las regiones cerebrales implicadas en el procesamiento de ambas sensaciones, siendo el sistema límbico -y en especial la amígdala- el centro integrador por excelencia.

* En estudios de imágenes cerebrales se ha evidenciado que la amígdala se activa inmediatamente ante una percepción olfativa, acción que no se ha observado al estudiar a los otros cuatro sentidos.

* Según estudios realizados en el Hospital «Santa Maria» de Rumania, las áreas cerebrales de integración de las sensaciones olfatorias son muy extensas en el ser humano y se conectan de manera importante con las regiones que procesan a la memoria, al lenguaje y que desencadenan acciones involuntarias de respuesta emocional.

* Si bien en los seres humanos, explica Sarafoleanu (Rumania), el olfato no cumple una función vital y única en el reconocimiento de objetos y semejantes, sí cumpliría un papel primordial en la modulación de su comportamiento social y afectivo, definiendo inconscientemente sus relaciones íntimas y su atracción a ciertos grupos de personas.

* La emoción de las personas se asocia fuertemente a aquello que huelen y su memoria establece la conexión futura a nivel del cerebro, desde aquellos centros que procesan y/o interconectan a los sistemas de percepción sensorial y de creación de emociones.

Colores, Fragancia y Personalidad

La mayoría de los perfumistas relacionan la personalidad con la preferencia aromática. Si bien siempre debemos pensar en las individualidades, tener en cuenta estas generalidades nos ayuda a pensar que fragancias y efectos sobre la personalidad.

La personalidad influye en parte, pero la disposición emocional del momento de la elección, el estado de salud e incluso el periodo del año influyen significativamente en la preferencia por una fragancia u otra.

Exactamente igual como ocurre con los colores. Depende del momento actual.

La personalidad influye en parte, pero la disposición emocional del momento de la elección, el estado de salud e incluso el periodo del año influyen significativamente en la preferencia por una fragancia u otra.

Exactamente igual como ocurre con los colores. Depende del momento actual.

En Alemania, algunos especialistas usan el Rosetón de los colores. Se le pide al cliente que escoja entre los diferentes modelos cromáticos florales dispuestos alrededor de un círculo negro, y se le pide que escoja el que más le guste.

También el que le resulte menos atractivo. Se debe explicar también que no escoja según la moda, o cuales cree que le sientan bien en la ropa, etc.

La armonía cromática de cada conjunto de colores, en este caso, no resulta ser decisiva. Tiene que ser una respuesta emocional, como en el test de los colores.

Cada rosetón corresponde a una familia de fragancias y a una «tendencia del estado emocional » o de personalidad.

  • Grupo A: esencias frescas o verdes. Tendencia a la extroversión
  • Grupo B: notas orientales. Tendencia a la introversión
  • Grupo C: fragancias florales o secas. Ambivalente
  • Grupo D: notas florales y afrutadas. Tendencia a la extroversión acentuada.
  • Grupo E: esencias florales orientales. Tendencia a la introversión acentuada.
  • Grupo F: notas cipresinas, que recuerden a los bosques húmedos, después de la lluvia, generalmente con un matiz afrutado o floral. Tendencia a la extroversión.
  • Grupo G: esencias con notas de aldehídos sintéticos y matices florales. Tendencia a la introversión.
  • Grupo T: fragancias étnicas, madera de cedro, pachulí, etc. Tendencia Receptividad.

Cómo huelen los colores

NEGRO
Una fragancia llena de refinamiento, individualidad e independencia. Una fragancia que no puede usar cualquiera.

GRIS
Una fragancia clásica, con discreta elegancia. Este tipo de gente nunca usará una fragancia demasiado dominante.

VERDE MENTA
Una fragancia vivificante y refrescante. Ideal para los que rechazan fragancias demasiado pesadas o dulces.

VERDE
Una nota especiada y delicadamente ácida. La gente que ve una fragancia como verde rechazará notas que sean empolvadas y dulces.

ROSADO
Fragancias: poco atrevidas, pero con carácter. Fragancias unidimensionales fuera de toda duda. Las nuevas flor-orientales son muy populares, lo mismo que las orientales.

ROSA
Fragancias: llenas de armonía; bien acabadas y ligeras. Gente que rechaza las notas secas, especiadas y amaderadas o gente que está demasiado «cortada» para preferir una fragancia «rosada».

NARANJA
Una fragancia «buscada»; estimulante y vivificante. Los que eligen naranja rechazan las fragancias clásicas, o las que son discretas. La tendencia preferida en fragancia es vivificante y fresca.

AZUL OSCURO
Lo que se busca aquí es una fragancia que expresa raíces profundas, serenidad y elegancia.

MARRÓN
Los que eligen marrón, o describen una fragancia con el color marrón, buscan notas de calidez natural, amaderadas, elegantes o ciprés.

ROJO
Los que ven una fragancia como roja la perciben dinámica y motivadora. Buscan una fragancia llena de actividad y vitalidad.

AMARILLO
Fragancias: elegantes y radiantes. Los que eligen amarillo no buscan una fragancia vulgar, sino una con un toque «chic».

BLANCO
La gente que elige blanco rechazará las fragancias orientales y con notas almizcladas.

La tendencia preferida es siempre limpia, clara y fresca, que es como prefieren las fragancias los que las describen como blanco.

AZUL
Los que describen una fragancia como azul son elegantes, con una tendencia siempre fresca y discreta.

AZUL CLARO
Una fragancia «buscada» abierta ligera y animada. La gente que prefiere el azul claro rechaza las fragancias profundas.

VERDE CLARO
Los que ven una fragancia verde claro la ven vivificante y vigorosa. Las fragancias con notas animales y exóticas están totalmente fuera de lugar.

La tendencia preferida es por fragancias frescas, florales y cítricas.

VIOLETA
La fragancia descrita se experimenta como nueva y misteriosa. La gente que selecciona el violeta usualmente, rechaza las notas frescas y cítricas.

Las tendencias preferidas son siempre fragancias orientales.

Aromaterapia y Aromacología

La Real Academia española define la aromaterapia como la utilización médica de los aceites esenciales.

En medicina integrativa, se entiende como el uso terapéutico de aceites esenciales extraídos de las plantas.

El uso de esencias es de tiempos remotos y tiene referencias en todas las culturas y religiones.

Los aceites esenciales proporcionan a las plantas su fragancia, y sus efectos curativos sobre el cuerpo y la mente son conocidos desde la antigüedad.

Los aceites esenciales son químicamente complejos -un aceite puede contener entre 50 y 500 sustancias químicas diferentes- y poseen un gran número de propiedades medicinales.

Pueden dilatar o constreñir los vasos sanguíneos, servir como sedantes o estimulantes, y actuar sobre las glándulas suprarrenales, los ovarios, la tiroides o en el proceso de digestión.

La aromacologia un término nuevo. Fue creado en 1986 por el Fondo de Investigación del Olfato. Estudia los efectos temporales de los olores en los seres humanos en la conducta y la mente.

En otras palabras estudia como podemos utilizar los olores para crear ambientes, sentirnos mejor etc. En la aromacologia no se hace distinción entre ingredientes o fragancias naturales o sintéticas.

En la aromacologia muchas veces se utilizan fragancias que son el resultado de mezclas de químicos para crear aromas similares a los de los aceites esenciales.

Esto es un complemento para los aceites esenciales porque reconoce los beneficios que estos ofrecen pero debido a que los términos aromaterapia y natural no están regulados por ninguna ley es fácil engañar al consumidor y hacerle sentir que están usando productos legítimos cuando en realidad están usando una fragancia artificial.

Relajantes: amaro, ciprés, clavel, enebro, gálbano, ylang-ylang, cedro, mandarina, manzanilla, mejorana, mirra, nerolí, rosa, sándalo y vetiver.

Equilibradores: albahaca, bergamota, geranio, incienso y lavanda.

Estimulantes: angélica, canela, cardamomo, clavo, elemán, eucalipto, hinojo, jengibre, lima, menta, naranja, palmarosa, petit grain, pimienta negra, pino, pomelo y romero.

Antidepresivos: albahaca, amaro, bergamota, clavel, gerínio, Ylang-ylang, incienso, jazmín, lavanda, lima, limón, mandarina, manzanilla, naranja, nerolí, pachuli, palmarosa, petit grain, pomelo, rosa y sándalo.

Afrodisíacos: amaro, angélica, canela, cardamomo, cilantro, clavel, clavo, gálbano, ylang-ylang, jazmín, jengibre, madera de cedro, nerolí, pachuli, romero, rosa, sándalo y vetiver.

Estimulantes mentales: albahaca, cardamomo, cilantro, eucalipto, menta, pino y romero.

Utilizar:

  • Aceites esenciales de Limón y Menta al comienzo y finalización de la jornada laboral. Ambos son ideales para la activación mental y la concentración.
  • Aceites esenciales de Lavanda y Bergamota a lo largo del día para disminuir la tensión y el stres, aprovechando sus cualidades antidepresivas y relajantes, sin ocasionar somnolencia.
  • Aceites esenciales de Eucaliptos y Romero en épocas invernales. Son antisépticos y actúan directamente sobre el sistema respiratorio, previniendo enfermedades y colaborando con la recuperación de quienes padezcan enfermedades respiratorias.

Fuente: http://cusihuasi.ning.com

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