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Niños que no se enferman

Si existe algo que un padre desea para su pequeño es salud; sin ella, no se pueden disfrutar las cosas esenciales de la vida. La salud es un estado natural del cuerpo, un resultado del equilibrio y armonía entre los cuatro aspectos que lo integran principalmente y que podemos resumir en aspecto mental, emocional, físico y espiritual.

No somos sólo un cuerpo, somos una mente que piensa, un ser que siente y que además esta rodeado de un medio ambiente que lo influye a cada momento. Todos estos aspectos están interactuando constantemente, no podemos mover, por ejemplo, el aspecto emocional sin que se mueva el mental, y no podemos influir en el medio que nos rodea sin que se influya el aspecto físico u emocional. Cuando se mueve un aspecto, todos los demás se afectan.

Esto es algo que sucede en todas las personas, tanto un adulto como un niño reflejan esa mezcla de aspectos que se relacionan cada día, sin embargo, entre más jóvenes somos, más flexibles somos y con más facilidad podemos mover no sólo nuestra mente y emociones, sino que somos más sensibles a percibir y absorber todo lo que hay a nuestro alrededor.

Los niños que se enferman a menudo tienen la enorme ventaja de que pueden sanarse más rápidamente que un adulto, los cuales tienen ideas más fijas y una mente menos permisiva y curiosa.

Los niños son ágiles y frescos de mente, son antenas muy sensibles y claras, por lo que pueden recobrar su armonía y equilibrio en todos los aspectos si el adulto a su lado le ayuda considerando y comprendiendo estas conexiones vitales y, a la hora de ayudar al pequeño a buscar su salud, no se pierde de vista esta visión integral.

Si no se toma en cuenta que la enfermedad o el desequilibrio no sólo esta en el cuerpo, difícilmente podremos lograr una salud integral en el niño, lo más probable es que se pase de doctor a doctor, de tratamiento a tratamiento y de recaída a recaída, sin lograr que el pequeño se recupere del todo.

Para poder ayudarles a los pequeños a sanarse en todo sentido, antes es indispensable que el padre comprenda que la salud es el resultado de todos los aspectos que integran a un individuo, y que muchas veces no basta tener la fuerte intención de querer eliminar los síntomas con jarabes y pastillas o largos y cansados tratamientos, sino se necesita llegar al entendimiento necesario para que podamos atender la enfermedad en todos sus niveles, tomar en cuenta no sólo aspectos fundamentales como el alimento, sino considerar con paciencia e interés el ambiente que rodea al pequeño, así como lo que él siente y lo que esta interpretando de lo que vive.

Y para esto no se requiere que uno sea un psicólogo experto ni haberse graduado en la Universidad de Harvard. Si bien se podría escribir un libro con todo lo que hay que considerar, basta para empezar con que pongamos un poco más de calidad y atención en el mundo del pequeño, y que tomemos en cuenta tanto la alimentación física como la emocional.

Alimentación física y emocional

Si bien la alimentación es básica para que el cuerpo crezca y se forme adecuadamente, la nutrición emocional no debiese quedar a un lado, pues es la que hará que la mente del niño se forme saludablemente y crezca fuerte y llena de energía. La mente es el lugar donde se originan las enfermedades; si hacemos una adecuada combinación entre el alimento interior y el alimento exterior, entonces tenemos ya una de las principales bases fundamentales de toda curación y de la salud integral.

Como se dijo, hay muchos puntos a considerar en esta cuestión, pero a continuación te damos algunos puntos básicos que puedes empezar a poner en práctica. Por medio de estas bases podrás iniciar un proceso de curación para que tu pequeño, sea la enfermedad que padezca, vaya recuperando su salud, y, si no está enfermos, puedas simplemente ayudarle a que la salud se vaya estableciendo como su modo de vida.

Nutrición física:

• Trata de evitar todos los medicamentos de farmacia los cuales solo adormecen el cuerpo de los síntomas mientras por otro lado debilitan el sistema de defensas del niño, lo que ocasiona que cada vez se necesiten más fuertes dosis de medicamentos y que a la larga uno se vuelva dependiente de doctores y medicinas. La medicina natural y energética tiene remedios para cualquier padecimiento, sólo se requiere que se confíe en ella y que tenga uno la paciencia para darle la oportunidad para que empiece a recobrar el organismo y restaure sus mecanismos naturales de auto curación.

• El consumo de azúcar refinada (y derivados) debe de reducirse lo más posible: los refrescos, productos enlatados , dulces y demás, no sólo pudren los dientes, sino que acarrean una larga lista de problemas y desequilibrios interiores entre los cuales encontramos que desmineraliza el cuerpo (le roba calcio a los huesos), irrita el sistema nervioso (provoca que los niños estén irritables, ansiosos, enfadaos, de mal humor, etcétera) y origina que se caliente la sangre, lo que engendra obstrucciones, desnutrición, afecta y atrofia el sistema endocrino, y el metabolismo en general. Si bien el cuerpo necesita azúcar (energía) para realizar sus funciones vitales, que no se confunda el tomar azúcar refinada con esto: las frutas y muchos alimentos naturales contienen fructuosa natural, la cual es excelente para el cuerpo.

Nutrición emocional:

• Toma en cuenta lo que siente tu pequeño: muchas veces como padres concentra uno en lo que se cree es conveniente para ellos, que se pierde de vista lo que el pequeño está sintiendo. Dar órdenes y pedirles cosas puede ser sencillo para el padre, pero el niño puede guardar mucha frustración, ira, y confusión; Luego, para colmo, no se le permite expresarlas, se les dice “cállate”, “no llores”, “no grites”, “no pegues”. Así que el niño tiene que aprender a guardar lo que siente.

Y guardar lo que siente, sobre todo la ira y frustración, es la raíz de todo padecimiento. Lo mejor es empezar a tratar de dejar de imponer al niño y de hacerlo que piense y reflexiones más, establecer diálogos sencillos, buscar una forma amigable para platicar con él. Esto será difícil de lograr si el padre esta constantemente presionado, tenso, apurado o “con muchas cosas que hacer”. Por eso, la calidad de vida del papá y la forma en como el se habla y se respeta y trata a si mismo, influye notablemente en la forma de ser y sentirse de los pequeños.

• El conflicto de no ser aceptado: cada vez que se regaña al niño, uno como adulto sabe “que es por su bien”; pero el niño parece interpretar una sola cosa: “me rechazan” “no me quieren”. El sentirse rechazado por una adulto de autoridad crea una gran tensión y ansiedad en el niño, sobre todo cuando se usan palabras como “eres muy malo” “eres un desobediente” “eres un tonto, desconsiderado…” etc.

Lo mejor es nutrir al pequeño siempre con palabras que les inspiren a ver algo positivo en ellos, en lugar de fomentarles su auto rechazo. Hay que tratar de utilizar un lenguaje constructivo como: “¿Qué sentirías si alguien te hubiese hecho eso a ti?” “¿Qué crees que le gustaría a tu amigo que le hubieras dicho?” “¿Qué crees que siente mamá cuando dices eso o entra a está recamara?”

Todos estos pequeños detalles, aunque no lo creamos, están íntimamente relacionados en la salud de los niños. La salud no sólo tiene que ver con comer o tomar lo apropiado, que si bien son puntos importantes, no lo es menos la confianza, la motivación interior y la estima con las que un ser humano se alimenta cada día.

Por K. Laura Garcés G.
http://www.biomanantial.com

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