El papel de la inteligencia emocional en la sexualidad

Herpes, SIDA, sífilis, gonorrea, embarazos no deseados… Todos los que hemos asistido a una clase de biología acerca del sistema reproductor conocemos las consecuencias fisiológicas de las relaciones sexuales sin protección, pero ¿quién nos enseña acerca de las consecuencias emocionales de una relación sexual insensata?

Para un abordaje integral, en la educación sexual es primordial considerar la inteligencia emocional, pues la sexualidad es un proceso dinámico que comienza cuando nacemos y se manifiesta de distintas maneras a lo largo de nuestra vida involucrando sentimientos, emociones e identidad.

El inicio de una vida sexual sin preparación emocional muchas veces deriva en sentimientos negativos y hasta traumáticos acerca de la experiencia, lo cual deja una huella que puede llegar a dificultar el disfrute de la actividad en etapas posteriores de la vida.

Aunque se pueden reconocer diferencias de género, un primer encuentro sexual sin la madurez emocional para enfrentarse al acontecimiento y sus implicaciones suele originar sentimientos de soledad, vergüenza, culpa y ansiedad. Cuando las expectativas, motivaciones y afectos que se depositan en la relación sexual se estrellan contra una realidad abismalmente distinta a lo que se tenía en mente se genera una disonancia muy dolorosa que podría suscitar hasta una depresión.

Asumir una sexualidad responsable no solamente implica protegerse de las enfermedades venéreas o los embarazos, requiere de un grado de madurez emocional significativo para tomar decisiones conscientes sobre el cuidado y respeto del propio cuerpo e identidad.

Ante la educación sexual los padres debemos comprometernos con la dimensión emocional de nuestros hijos, no solo por medio del apoyo y el acompañamiento sino a través del ejemplo, de modo que nuestra tarea debe iniciar por cultivar en nosotros mismos estas habilidades para transmitirlas con mayor credibilidad.

La adolescencia es un periodo idóneo para trabajar las relaciones afectivas a través de competencias emocionales y sociales, sin embargo el desarrollo de la inteligencia emocional desde edades tempranas será el cimiento para una relación sana consigo mismo y con los demás en cualquier contexto.

Para fomentar en nuestros hijos vínculos afectivos saludables de respeto y aceptación lo principal es asegurarse de que estén construyendo una imagen sana de ellos mismos. La autoestima y el auto concepto se alimentan al reconocer desde la infancia sus cualidades sin exagerarlas, siendo específicos en lo que nos gusta de ellos con sinceridad y autenticidad es sumamente importante. En el caso de las correcciones también debemos ser concretos y no caer en generalizaciones que descalifiquen globalmente al niño, debemos evitar los sarcasmos, las ironías y los gestos no verbales humillantes. Por otro lado, los errores debemos manejarlos como una oportunidad para aprender y no como un fracaso pues de lo contrario se pueden instaurar temores ante las nuevas experiencias.

Los primeros años son fundamentales para establecer las habilidades emocionales de autoconocimiento, automotivación, autocontrol, empatía y relaciones sociales, lo cual repercutirá directamente en la expresión de la sexualidad y la afectividad en el resto de la vida.

Victoria Casafont Psicóloga

Fuente: http://www.saborysalud.com/content/articles/991/1/El-papel-de-la-inteligencia-emocional-en-la-sexualidad/Page1.html

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