Diamante: propiedades curativas

El diamante es la piedra mágica por excelencia

La más potente y radiante, la diosa, ama y señora de los cristales y las piedras, el diamante.

Es realmente el rey de las piedras y cristales pero al mismo tiempo está muy cercana a la vida y al mundo terrenal.

Es, sin ninguna duda, piedra de poder, que actúa en temas mundanos como en los más elevados espiritualmente pero sin dejar nunca olvidada la razón.

Al ser la piedra más poderosa, hay que tener en cuenta que es poderosa tanto para lo positivo como para lo negativo, por lo que es mejor tratarla con respeto y cuidado.

El diamante tiene que lucir y brillar, es su naturaleza, nada de estar oculto. Le gusta mandar y gobernar, imponer y decidir, por lo que no perdona el ocupar un segundo plano.

En el terreno material el diamante igualmente es el Rey, es todo apariencia, pomposidad y glamour, valores bastante superficiales, pero al mismo tiempo en el plano espiritual tiende a elevarse por encima del resto.

Llevar un diamante encima tiene una gran dualidad, por una parte es una gran responsabilidad y por otra una gran suerte.

Es una piedra que al ser tan poderosa es complicada tanto de conseguir como de mantener, es una piedra con un carácter demasiado fuerte que no todo el mundo es capaz de soportar.

Colocación:

El diamante donde más fuerza tiene es en dos centros energéticos, la coronilla y el plexo solar.

Colocado en la coronilla eleva el sentido de las cosas, abre la visión y despierta el entendimiento y la sabiduría, dando poder y jerarquía.

Colocado en el plexo solar potencia la personalidad y atrae todo tipo de bienes, al tiempo que crea un fuerte cordón que une a los cuerpos físicos, mental y astral.

Hay otros puntos donde el diamante también puede ser bastante eficaz, la columna vertebral, el corazón, el tercer ojo, en las corvas y el estómago. Desde donde irradia su fuerza, desbloqueando y potenciando la energía interna para que recorra todo el cuerpo.

En la columna vertebral actúa equilibrando el aura y tonificando el sistema nervioso central.

Es una piedra que se puede poner en cualquier zona del cuerpo. Como joya o talismán de fortuna y amor se puede llevar sobre cualquier parte del cuerpo, y como anillo en cualquier dedo.

Como joya lo mejor es que vaya engarzado en oro o en platino, evitando la plata o cualquier otro metal.

Piedras de apoyo:

Es una piedra de tal poder que no necesita de ninguna otra para brillar por sí sola.

Si se decide combinarla con alguna piedra, el zafiro le va muy bien, ya que equilibra y disminuye algunos de los aspectos negativos del diamante.

También se le puede combinar con otras piedras que multiplicarán su poder como son la esmeralda, el rubí y la amatista, pero conviene recordar que cuanto más poder posea el diamante, más difícil será de controlar.

Para disminuir un poco su poder y hacerle más humilde, se recomienda el uso de piedras opacas y semipreciosas como el ónix, obsidiana, coral, perla o el ópalo blanco.

Y con la única piedra que se puede llevar mal puede ser el ámbar, ya que la deshumanizará por completo, elevando su soberbia y su fantasía.

Salud:

Proporciona gran energía y vitalidad, deseo de vivir y fuerza de voluntad, pero no se puede decir que sea una piedra curativa, lo que sí hará es reforzar los poderes curativos de otras piedras.

Su principal punto de actuación es el corazón y la columna vertebral, el estómago y el sistema nervioso central, pero incluso en estos puntos le va mejor si se le acompaña de la cornalina naranja y el ópalo.

Es un estupendo calmante nervioso y crea lazos de unión entre los distintos cuerpos del ser humano, equilibrando deseos y aspiraciones, objetivos y metas, experiencias y sensaciones, emociones y sentimientos.

Es mejor que sea administrado sin que la persona lo sepa para que no se sienta afectado por su poder.

Favorece la vista, el oído, la energía corporal y es un buen aliado en contra de parálisis y problemas óseos y articulares.

Y donde encuentra su mayor eficacia es en temas relacionados con el estómago y el sonambulismo.

Dinero:

Este sí es su campo, todo lo material lo domina el diamante, ya que lleva la fortuna dentro de sí mismo y atrae todo tipo de premios, reconocimientos, negocios y, en general todo aquello que tenga que ver con las posesiones y el dinero.

Cuando se lleva un diamante encima, actúa como un imán para la suerte. El dinero llama dinero y el diamante es dinero en sí mismo, por lo que siempre favorecerá a los que más tengan y poco les dará a los que menos tengan.

Es por esto que siempre estará relacionado con las profesiones mejor pagadas o los puestos de importancia. La fama, la gloria, el poder y el mando se encuentran bajo su zona de influencia.

Es fuente de riqueza.

Esto no quiere decir que sea garantía de felicidad, tranquilidad ni estabilidad, ya que puede despertar envidias ajenas y abrir los miedos internos.

Amor:

El diamante no es una piedra de amor, aunque sí puede crear fuertes lazos de intereses comunes y ambiciones conjuntas, lo que puede dar estabilidad y continuidad a una pareja o familia.

En el amor, el diamante sirve para deslumbrar y conquistar, pero el diamante tiende a la soledad, a la observación y la contemplación de los propios triunfos.

Es más fuente de egoísmo que de sentimiento y sin embargo es capaz de conmover el corazón de quien lo recibe como regalo, así como de transmitir el amor de quien lo regala.

Pero hay que saber que el diamante no atrae el amor por sí mismo, sino el deseo de posesión y la representación de un nivel económico.

Fuente: http://www.espaciotiempo.com

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