La astenia es un trastorno leve y pasajero

Se desconoce su causa exacta, y a pesar de que no existe tratamiento médico la podemos vencer con determinados hábitos.

Cuando llega la primavera muchas personas se sienten decaídas tanto física como psicológicamente. Este trastorno se produce cuando nuestro organismo no es capaz de adaptarse a las nuevas condiciones ambientales.

Aunque generalmente todos recibimos la llegada de la primavera con alegría, nuestro cuerpo se ve expuesto a cambios bruscos: cambios en la presión atmosférica, horarios, humedad, aumento de las horas de sol, intensidad lumínica y temperatura, etc. Todo ello produce cambios en nuestro ritmo cardíaco y en los ciclos día-noche.

El hipotálamo es considerado nuestro reloj biológico; se encuentra dividido en núcleos y además de regular el ciclo sueño-vigilia controla entre otras:

la temperatura, el apetito, la sed, segrega hormonas, neurotransmisores, así mismo, la retina es una de las vías por la que el hipotálamo es estimulado.

Esto hace que la producción de hormonas y neurotransmisores se vea afectada cuando la cantidad de luz que recibimos a lo largo del día sufre cambios bruscos; esto podría explicar el cansancio y decaimiento propios de la astenia primaveral.

Contrariamente a lo que se piensa, la astenia no solo es acusada en la primavera; en otoño, cuando vuelven a tener lugar cambios ambientales bruscos este fenómeno se vuelve a producir.

Probablemente la astenia primaveral sea más conocida por el fuerte contraste entre el medio natural exaltado y el individuo decaído.

En un sentido estricto, la astenia primaveral es un proceso de adaptación y no una enfermedad; así pues nuestros esfuerzos deben ir encaminados a facilitar a nuestro organismo el proceso, de esta forma conseguiremos que sea lo más rápido y cómodo posible.

Los hábitos más útiles para prevenir la astenia primaveral son:

  • Presta especial atención a tus horas de sueño: hay que dormir ocho horas al día, procurando levantarse y acostarse siempre a la misma hora.
  • Reduce el consumo de bebidas excitantes: como el café, alcohol, té, etc.
  • Practica ejercicio: ayuda a liberar tensiones y favorece el descanso nocturno.
  • Cuida la hidratación: el aumento de las temperaturas traen consigo un aumento de la sudoración, esto hace que ingerir mayor cantidad de líquido sea imperativo.
  • Elige bien la alimentación: hay que hacer cinco comidas al día, procurando que la más fuerte sea el desayuno y la más ligera la cena; disfruta de los alimentos de temporada, el pescado azul, productos integrales, cereales, fruta y verdura, intentando reducir el consumo de fritos, bollería y comidas muy elaboradas en general.
  • Respira aire puro: aprovecha las horas extra de luz y acude a algún lugar lejos de la contaminación en el que se pueda respirar aire puro.

Si bien se trata de un trastorno que no reviste mayor gravedad, hay que observar que su duración no sea en ningún caso mayor de tres semanas; si su duración es mayor o tenemos alguna duda hay que rehuir del uso de supuestas terapias como la homeopatía o el reiki.

No vacilar en acudir a nuestro médico/a de cabecera; es el profesional que mejor puede diagnosticar qué nos ocurre, ya que dispone de una amplia información sobre nuestro historial médico y además nos puede indicar las mejores pautas a seguir en nuestro caso concreto.

Fuente: http://suite101.net

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